La isla de la Gomera con sus estrechos y profundos barrancos, escarpadas y agrestes montañas, está surcada por una gran red de senderos también llamados caminos reales o de herradura, creados y utilizados por los habitantes de la isla para poder moverse por un terreno difícil de transitar.
Algunos de estos senderos y caminos están señalizados y su serpenteante discurrir visible para que podamos adentrarnos por ellos. Otros, en cambio han conocido el olvido y su cuidado empedrado desaparece ante nuestros ojos por el efecto de la erosión, las lluvias y una vegetación que los va cubriendo y camuflando, integrándolos con el paisaje.
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